Hannah y sus hermanas
2 08 2007
Me tendréis que perdonar el chiste malo del título de este artículo. Con él no me refiero a la película de Woody Allen (quien está rodando estos días en tierras asturianas), sino a la filósofa Hannah Arendt, cuyo centenario se conmemoró recientemente.
Antes de irme unos días a veranear, continúo leyendo con avidez libros sobre filósofos, con el fin de estudiar más a fondo a algunos de ellos. Los últimos han sido Martin Heidegger y Hannah Arendt, pensadores del siglo XX entre los que existió una breve relación profesor-alumna que los convierte en una de las parejas filosóficas más conocidas. Desgraciadamente, la escasez de tiempo motivó que no pudiera hablar de ellos en clase, pero procuraré encontrarles un hueco en el futuro. De momento, aquí están.
Heidegger no es un autor para principiantes, habrá quien piense que ni siquiera para iniciados. El problema se debe, no a la temática tratada, sino a su empeño por crear un nuevo lenguaje filosófico en alemán, dando a luz palabras unidas por guiones y expresiones a veces oscuras. Su obra (Ser y tiempo), precedente del existencialismo, analiza qué es el ser, centrándose especialmente en el ser humano, al que denomina Da-Sein (ser-ahí). Este Da-Sein nunca está sólo, sino que está en un mundo de entes (ser-en-el-mundo), los cuales pueden ser útiles (seres “a la mano”) u otros Da-Sein. Lo más interesante del Da-Sein es que está arrojado en este mundo, de repente se encuentra en él, y siente angustia porque todo le parece absurdo. Ahora bien, su vida se compone de diferentes posibilidades, y deberá elegir entre ellas para hacer su propio proyecto. Si lo hace en plan “cabeza loca”, dejándose llevar por la corriente, llevará una vida inauténtica. Pero si lo hace de modo responsable y autónomo, llevará una vida auténtica. ¿Cuál es entonces el mensaje que podríamos recoger? Ser auténticos, eligiendo de forma responsable.
Cambiando de tercio, Hannah Arendt fue su discípula, pero ella se dedicó a la filosofía política. Sin duda, el hecho de ser judía en la Alemania nazi (partido con el que Heidegger tuvo sus acercamientos) y de correr peligro de muerte en un campo de detención, fueron acontecimientos que definieron su camino filosófico. Arendt estudió el origen de todo aquel horror, de toda aquella masacre. Su obra principal es Los orígenes del totalitarismo, y en ella examina este nuevo fenómeno en el que incluyó tanto los campos de concentración nazis como los Gulags rusos. Esta imposibilidad de clasificarla en una postura política definida, trajo de cabeza a quienes la conocieron, pues no se la podía encasillar ni en la derecha ni en la izquierda. Arendt defendió la vida activa de la política, la participación ciudadana, pues como dijo Aristóteles, el hombre es un animal político que vive en sociedad. Su obra nos permite identificar el peligro que sobreviene cuando las gentes se convierten en masas despersonalizadas que siguen a un líder sin reflexionar sobre lo que eso puede suponer, anulando a otros seres humanos jurídicamente, moralmente y vitalmente.
Si bien Heidegger aparece en el temario de Filosofía II (aunque me temo que casi ningún profesor tiene tiempo de impartirlo), Hannah Arendt no consta como pensadora de relieve. Pero su pensamiento está directamente relacionado con los contenidos ciudadanos que se deben ver en las otras asignaturas del Departamento. Por eso opino que se le debería hacer un hueco, a Hannah y a sus hermanas (las demás filósofas). Ahora que tenemos edublogs, ya no hay excusa que valga. Arendt fue en su vida una paria, una expatriada, incluso el calificativo de “filósofa” le hacía sentirse incómoda. Siempre caminó en los márgenes. Será decisión de cada docente el incorporarla o no en los contenidos o actividades a tratar.
Con este artículo tan largo espero compensar los que no escribiré los próximos días. A disfrutar de las vacaciones.
Trailer de El Pianista de Roman Polanski (2002).
Más sobre totalitarismo aquí.
Categorías : Coeducación, Historia de la Filosofía, Ética

Últimos comentarios