Hannah y sus hermanas

2 08 2007

 

Me tendréis que perdonar el chiste malo del título de este artículo. Con él no me refiero a la película de Woody Allen (quien está rodando estos días en tierras asturianas), sino a la filósofa Hannah Arendt, cuyo centenario se conmemoró recientemente.

Antes de irme unos días a veranear, continúo leyendo con avidez libros sobre filósofos, con el fin de estudiar más a fondo a algunos de ellos. Los últimos han sido Martin Heidegger y Hannah Arendt, pensadores del siglo XX entre los que existió una breve relación profesor-alumna que los convierte en una de las parejas filosóficas más conocidas. Desgraciadamente, la escasez de tiempo motivó que no pudiera hablar de ellos en clase, pero procuraré encontrarles un hueco en el futuro. De momento, aquí están.

Heidegger no es un autor para principiantes, habrá quien piense que ni siquiera para iniciados. El problema se debe, no a la temática tratada, sino a su empeño por crear un nuevo lenguaje filosófico en alemán, dando a luz palabras unidas por guiones y expresiones a veces oscuras. Su obra (Ser y tiempo), precedente del existencialismo, analiza qué es el ser, centrándose especialmente en el ser humano, al que denomina Da-Sein (ser-ahí). Este Da-Sein nunca está sólo, sino que está en un mundo de entes (ser-en-el-mundo), los cuales pueden ser útiles (seres “a la mano”) u otros Da-Sein. Lo más interesante del Da-Sein es que está arrojado en este mundo, de repente se encuentra en él, y siente angustia porque todo le parece absurdo. Ahora bien, su vida se compone de diferentes posibilidades, y deberá elegir entre ellas para hacer su propio proyecto. Si lo hace en plan “cabeza loca”, dejándose llevar por la corriente, llevará una vida inauténtica. Pero si lo hace de modo responsable y autónomo, llevará una vida auténtica. ¿Cuál es entonces el mensaje que podríamos recoger? Ser auténticos, eligiendo de forma responsable.

Cambiando de tercio, Hannah Arendt fue su discípula, pero ella se dedicó a la filosofía política. Sin duda, el hecho de ser judía en la Alemania nazi (partido con el que Heidegger tuvo sus acercamientos) y de correr peligro de muerte en un campo de detención, fueron acontecimientos que definieron su camino filosófico. Arendt estudió el origen de todo aquel horror, de toda aquella masacre. Su obra principal es Los orígenes del totalitarismo, y en ella examina este nuevo fenómeno en el que incluyó tanto los campos de concentración nazis como los Gulags rusos. Esta imposibilidad de clasificarla en una postura política definida, trajo de cabeza a quienes la conocieron, pues no se la podía encasillar ni en la derecha ni en la izquierda. Arendt defendió la vida activa de la política, la participación ciudadana, pues como dijo Aristóteles, el hombre es un animal político que vive en sociedad. Su obra nos permite identificar el peligro que sobreviene cuando las gentes se convierten en masas despersonalizadas que siguen a un líder sin reflexionar sobre lo que eso puede suponer, anulando a otros seres humanos jurídicamente, moralmente y vitalmente.

Si bien Heidegger aparece en el temario de Filosofía II (aunque me temo que casi ningún profesor tiene tiempo de impartirlo), Hannah Arendt no consta como pensadora de relieve. Pero su pensamiento está directamente relacionado con los contenidos ciudadanos que se deben ver en las otras asignaturas del Departamento. Por eso opino que se le debería hacer un hueco, a Hannah y a sus hermanas (las demás filósofas). Ahora que tenemos edublogs, ya no hay excusa que valga. Arendt fue en su vida una paria, una expatriada, incluso el calificativo de “filósofa” le hacía sentirse incómoda. Siempre caminó en los márgenes. Será decisión de cada docente el incorporarla o no en los contenidos o actividades a tratar.

Con este artículo tan largo espero compensar los que no escribiré los próximos días. A disfrutar de las vacaciones.

Trailer de El Pianista de Roman Polanski (2002).

Más sobre totalitarismo aquí.



Arturo y la voluntad

26 07 2007

Varias semanas de lectura de diferentes obras (sobre y por) el filósofo decimonónico Arthur Schopenhauer, han dado como resultado el que le dedique un artículo veraniego. De Schopenhauer llama la atención su estilo claro, con ejemplos cotidianos, así como el uso habitual de citas en latín, griego, inglés y francés, lo cual muestra no sólo su dominio de la cultura (adquirido en sus múltiples viajes), sino también su capacidad de relacionar a diferentes autores a la hora de tratar un tema.

Sobre su vida abundan las anécdotas. Hijo de comerciantes, pudo dedicarse a la filosofía tras la muerte de su padre. Con su madre, Johanna, tuvo varios enfrentamientos debidos, entre otras cosas, a que ella poseía un salón literario frecuentado por no pocos admiradores de renombre (incluido Goethe). Fue profesor en la Universidad de Berlín, donde Hegel le hacía sombra. Dos de sus grandes amores se llamaban “Carolina”, pero no se casó. Admiraba a Platón, a Kant y a Buda. Se ganó fama de poseer mal carácter (una vieja llegó a denunciarle por empujarla por unas escaleras) aunque adoraba a su perro de lanas. (También se ha ganado la fama de filósofo misógino, siendo fuente de inspiración para Nietzsche, que no se quedó atrás).

Su obra principal es El mundo como voluntad y representación. En ella, siguiendo a Kant, postula que no podemos conocer el mundo más que como se nos aparece, como fenómeno, como representación. Así, el mundo es como un sueño de nuestro cerebro. Sin embargo, el sabio, por medio de la instrospección, puede llegar a conocer una verdad que subyace en el mundo: la voluntad de vivir. Hay una fuerza, una energía, una voluntad, que lo alimenta todo. Lo malo es que a los humanos, ese deseo permanente de más cosas, nos lleva al sufrimiento. La vida es dolor, nunca estamos satisfechos, aspirar a la felicidad es un acto de ingenuidad. Como mucho, podemos aprender a sobrellevarla gracias al arte, en especial a la música. Otra opción para escapar al dolor es no desear nada, ser un asceta.

Estos planteamientos le han grangeado la etiqueta de “filósofo pesimista”, pero sus obras se leen con buen ánimo, quizás sea porque nos sonreímos al comprobar que no tiene reparos en insultar a quienes no le hacen gracia, o porque su forma de exponer es clara y ordenada. Para introducirse en este autor, lo mejor es coger una parte de Parerga y Paralipomena, por ejemplo El arte de vivir bien, donde reflexiona sobre qué es más importante para vivir sosegadamente: lo que somos, lo que tenemos, o lo que representamos para los demás. ¿Cuál de las tres opciones creéis que defiende?

Citas:

Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre… La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. (…) Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir… Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas.

Los esfuerzos incesantes para desterrar el dolor no consiguen otra cosa que variar su figura: ésta es primordialmente carencia, necesidad, cuidados por la conservación de la vida. Al que tiene la fortuna de haber resuelto este problema, lo que pocas veces sucede, le sale de nuevo el dolor al paso en mil otras formas, distintas, según la edad y las circunstancias, como pasiones sexuales, amores desgraciados, envidia, celos, odios, terrores. Ambición, codicia enfermedades, etcétera. Y cuando no puede revestir otra forma toma el ropaje gris y tristón del fastidio y el aburrimiento, contra el cual tantas cosas se han inventado.

La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano.

Imagen. Caricatura de Schopenhauer por David Smith.

Un ejemplo de canción que puede ilustrar el pensamiento de Schopenhauer es esta de Three Days Grace, llamada Pain. Aunque claro, canciones sobre el tema hay para dar y tomar, ¿acaso las hay que hablan de otra cosa?

Para terminar, Schopenhauer habla de la música:


La Música jamás expre­sa el fenómeno, sino la esencia íntima, la raíz en sí del fenómeno, la vo­luntad misma. No expresa tal o cual placer, tal o cual aflicción, dolor, esfuerzo, júbilo, alegría o tranquilidad de espíritu; pinta el placer mismo, la aflicción misma y todos esos otros sentimientos, en abstracto, por decirlo así; nos da su esencia, sin nada accesorio, y, por consiguiente, si sus motivos. Y, sin embargo, la comprendemos perfectamente, aunque no nos ofrezca más que esta quintaesencia, tan sutil. (…) Esta estrecha relación entre la Música y la ver­dadera esencia de las cosas explica el hecho de que si en una escena cualquiera, en algún acontecimiento o en alguna circunstancia, oímos elevarse los sonidos de una música apropiada, ésta parece revelarnos la significación más oculta del suceso y darnos el comentario más exacto y más claro de él.



¿Por qué filosofar?: leyendo a Lyotard

18 07 2007

 

He estado echándole un ojo a unas conferencias del filósofo postmoderno J. F. Lyotard sobre la clásica pregunta ¿Por qué filosofar? De una lectura rápida destaco unas cuantas palabras suyas que me han gustado a la hora de iniciar, por ejemplo, un curso de Filosofia en 1º de Bachiller. He seleccionado unos cuantos párrafos. No os asustéis y leedlos, que no tienen desperdicio.

Un clásico que se reitera cada año al principio de curso es la creencia de que la filosofía es algo ajeno a la vida, veámoslo: Para la mayoría de la gente, para ustedes, la filosofía está ausente de sus preocupaciones, de sus estudios, de su vida. Incluso para el mismo filósofo, si tiene necesidad de ser continuamente recordada, restablecida, es porque se hunde, porque se le escapa entre los dedos, porque se sumerge. ¿Por qué pues filosofar en vez de no filosofar?

Claro que, como ocurre también con todos los cursos, al final nos damos cuenta de que esa primera impresión no era cierta: La filosofía tiene las mismas pasiones que todo el mundo, es la hija de su tiempo, como dice Hegel. (…) El filósofo no es un sujeto que se despierta y se dice: se han olvidado de pensar en Dios, en la historia, en el espacio, o en el ser; ¡tendré que ocuparme de ello! Semejante situación significaría que el filósofo es el inventor de sus problemas, y si fuera cierto nadie se reconocería ni encontraría valor en lo que dice. Ahora bien, incluso si la ilación entre el discurso filosófico y lo que sucede en el mundo desde hace siglos no se ve inmediatamente, todos sabemos que la ironía socrática, el diálogo platónico, la meditación cartesiana, la crítica kantiana, la dialéctica hegeliana, el movimiento marxista no han cesado de determinar nuestro destino y ahí están, unas junto a otras, en gruesas capas, en el subsuelo de nuestra cultura presente, y sabiendo que cada una de esas modalidades de la palabra filosófica ha representado un momento en el que Occidente buscaba decirse y comprenderse en su discurso. (…) Después de todo sabemos que estas filosofías pasadas no están abolidas, ya que seguimos oyéndolas y contestándolas.

Habiendo comprobado que las cuestiones filosóficas siguen ahí, se presenta la tarea de retomarlas: Debemos volver, por ejemplo, sobre el mensaje que nos envían los textos de Platón, descodificarlo y volverlo a codificar, hacerlo irreconocible, para llegar quizás a reconocer en él mismo el deseo de unidad que nosotros mismos experimentamos. Lyotard afirma que el hecho de que la historia de la filosofía presente cortes se debe a que no terminamos de dar con el sentido de todo, no comprendemos el mundo, la vida, etc., en ese sentido somos eternos principiantes. Siempre deseamos esclarecer lo que nos preocupa, es el deseo el que nos lleva a la reflexión.

Pero si queremos transformar el mundo (como decía Marx) no nos queda más remedio que comprenderlo: La filosofía puede parecer un adorno anquilosado, un pasatiempo de señorita de buena familia; la filosofía puede ser todo eso y lo es realmente; pero es o puede ser también ese momento en que el deseo que está en la realidad viene a sí mismo, ese momento en que la carencia que padecemos en cuanto individuos o en cuanto colectividad se nombra y al nombrarse se transforma. ¿Terminaremos algún día -dirán ustedes- de experimentar esas carencia? (…) ¿no sería lo más legítimo y razonable abandonar toda esperanza, volverse un estúpido?

En efecto, siempre hay quien no desea pensar mucho, basta con consumir los días del mejor modo, sin plantearse nada más. Pero Lyotard termina sus conferencias aportando una razón para filosofar, y le ha quedado tan poético, que no sería recomendable añadir nada más: He aquí, por qué filosofar: porque existe el deseo, porque hay ausencia en la presencia, muerte en lo vivo; y porque tenemos capacidad para articular lo que aún no lo está; y también porque existe la alienación, la pérdida de lo que se creía conseguido y la escisión entre lo hecho y el hacer, entre lo dicho y el decir; y finalmente porque no podemos evitar esto: atestiguar la presencia de la falta con la palabra. En verdad, ¿cómo no filosofar?

Imagen en Flickr de strange.little.mama



Haz lo que debas

16 07 2007

En previsión de que el tiempo no iba a mejorar, y comprobando que la sucesión de días idénticos empezaba a resultar demasiado aburrida, decidí apuntarme a un curso sobre el problema del Racismo, la xenofobia y la inmigración. Son temas que aparecen con frecuencia en los materiales para la asignatura de Ética, y también en la futura EpC, por lo que no está de más ponerse al día sobre estos asuntos.

En primer lugar asistí a una conferencia sobre el “Mito de la raza”, que consiste en creer que hay diferentes razas inmutables organizadas de forma jerárquica. Por lo que parece, aunque en el XIX personajes tan ilustres como Hume o Kant (entre otros muchos) estaban a favor de considerar a los negros como una raza inferior, hoy en día esto ya no se sostiene desde el punto de vista genético. En principio, porque todo el género humano procede de África (siendo las variaciones externas simples adaptaciones al medio), y en segundo término porque no hay genes que puedan establecer diferencias significativas entre poblaciones de distinto color de piel, ya que todas ellas comparten el 80% de la variación genética humana.

A continuación visionamos la película Do the right thing (Haz lo que debas) de Spike Lee. El ritmo del film puede resultar un tanto monótono porque algunas escenas son reiterativas, como si los acontecimientos formaran una especie de espiral que rueda con más fuerza a medida que avanza la acción. Narra la historia de Mookie, un joven poco dado a trabajar que está empleado de repartidor en una pizzería italiana de Brooklyn. En su barrio conviven grupos de diferente etnia y nacionalidad: italianos, coreanos, latino americanos y negros americanos. Todos ellos deben encontrar el modo de sobrellevar las fricciones motivadas por los estereotipos, los prejuicios o simplemente el temor a lo desconocido.

Sin embargo, el capricho en apariencia pueril de un personaje, que se empeña en que en la pizzería de Sal haya fotografías de famosos negros, desencadenará trágicos acontecimientos que destrozarán completamente el restaurante. Mookie, a quien su jefe había tratado con amplia condescendencia, termina lanzando un contenedor de basura al escaparate de la pizzería, provocando así una rebelión encarnizada contra “los blancos”. ¿Es ese hecho una defensa legítima o se dejó llevar por la furia? ¿Tiene la culpa el pizzero de semejante trifulca? ¿Cómo se podía haber evitado la pelea? Cuando la violencia se masca en el ambiente, la menor excusa la puede encender.

Parece que el curso será interesante.

P.D.: En la escena se ve al personaje de Mookie en debate dialéctico con el hijo mayor del pizzero, que es abiertamente racista. A continuación viene una serie de estereotipos a toda velocidad. Perdón por los exabruptos, pero la escena es algo cruda y no tengo a mano el “píiiiiiii” de la censura.



El extranjero

10 07 2007

 

Dado que es verano, y no hay demasiados eventos académicos de los que hablar, me detendré a comentar un libro. Lo he estado leyendo estos días, aunque es cierto que no con demasiado interés, quizás porque otras lecturas más complejas me agotaban la mente, o puede que simplemente fuera por distracción. El caso es que comencé a leer la novelita El extranjero de Camus, que llevaba ya mucho tiempo sobre la mesilla de noche, amontonada con otras lecturas en espera de que me fijase en ella.

Hace años que quería leerla, pues siempre me ha gustado la corriente existencialista. No obstante, la comencé a mirar sin reparar en la introducción ni en notas aclaratorias, por lo que me parecía bastante estúpida. No me gustaba el protagonista (Mersault), por egoísta, por tonto, por insensible, por aburrido. Porque su vida era aplastantemente anodina, incluidos el entierro de su madre, sus flirteos con una novieta y su amiguete maltratador. Ay que ver, pensaba, qué tipo más plano, eso no es ataraxia, es que le falta sangre en las venas. En esas estaba, continuamente haciendo digresiones mentales, cuando “pum”, el prota se había cargado a un árabe y yo no sabía por qué.

Eso no fue lo peor, porque volviendo atrás la vista, comprobé que él tampoco lo sabía. Dado que se había convertido en un asesino, acabó en la cárcel, y ahí fue cuando verdaderamente la novela comenzó a gustarme. Al fin y al cabo, Mersault podía ser insensible, inmoral, un pasota del quince, pero no era tonto, pues un monólogo interior en el que describe con cuidado a cada persona que ve, no lo puede ejercitar cualquiera. Pese a todo, era inteligente. Me gustaron mucho sus reflexiones sobre el vivir preso, pues todos nos sentimos presos a veces, aunque no lo seamos físicamente. Un ejemplo de sus palabras:

Al comienzo de mi detención, lo que me resultó más duro fue tener pensamientos de hombre libre. Me ganaba el deseo, por ejemplo, de estar en una playa y bajar hacia el mar. Imaginaba el rumor de las primeras olas bajo la planta de mis pies, la entrada del cuerpo en el agua y su liberación en ella; de pronto sentía hasta qué punto se estrechaban los muros de mi celda. Esa fase duró algunos meses. Después, sólo tuve pensamientos de preso. Esperaba el paseo cotidiano en el patio o la visita de mi abogado. Organizaba muy bien el resto de mi tiempo. Pensé entonces, con frecuencia, que si me hubieran hecho vivir en un tronco de árbol seco, sin más ocupación que mirar la flor del cielo sobre mi cabeza, me habría habituado poco a poco. Habría esperado los vuelos de pájaros o los encuentros de nubes como esperaba aquí las curiosas corbatas de mi abogado y como, en otro mundo, aguardaba hasta el sábado para estrechar el cuerpo de Marie. Pero, pensándolo bien, no estaba en un árbol seco. Otros eran más desgraciados que yo. Era además una idea de mamá, y ella la repetía con frecuencia, decía que terminaba uno por acostumbrarse a todo.

Sobre Camus, el existencialismo, el absurdo y la carencia de valores se puede hablar largo y tendido. También sobre la crítica implícita a la pena de muerte, o sobre lo aterrador que resulta saber que muchas veces pensamos de manera tan egoísta o indolente como Mersault. Eso por no hablar de diversos dilemas morales que se plantean en el libro, y estaría bien tratar en clase de Ética. Pero me sigo quedando con el sentimiento de quien no sabe cómo salir de una situación, de modo que al final opta por resignarse, conformarse con las migajas de lo que podría ser su vida. ¿Es también ese un síntoma de la sociedad actual?

Imagen de Mark Pennington en Flikr.



Educastur blog en Ayerbe

6 07 2007

Esta película necesita Flash Player 7

Estos días ha tenido lugar el II Encuentro de Edublogs en Ayerbe, lugar al que han asistido responsables de Educastur blog y también mi compañera Lucía. Por mi parte, decidí quedarme en Gijón, ya que tenía diversos asuntos entre manos que no quería abandonar. Pero la curiosidad me mata, ¿qué nos contarán los asistentes?

Por de pronto, esta presentación tan bonita explica qué es el proyecto Educastur Blog y la buena acogida que ha tenido. Es de suponer que, con el tiempo, el profesorado asturiano se irá animando a usar esta nueva herramienta educativa que tanto ayuda a la hora de complementar la formación del alumnado.

Lu me pasó un meme sobre este encuentro cuando me hallaba en medio de la Pre-PAU, así que para no despistar con un artículo “off the record” a mis alumnos, decidí responderlo en un comentario. Sin embargo, creo que la respuesta pasó inadvertida. El meme decía así: “Imagina que tienes un colega que imparte tu misma asignatura y quiere incorporar las TICs en su asignatura para el curso que viene. Viene a ti, ya que le suena que tú tienes un blog y enredas con estas cosillas, en busca de consejo. ¿Qué le dirías? ¿Cuáles serían las claves para que tu compañero tuviese éxito en esta tarea?”.

Y mi respuesta fue esta: “A un compañero/a interesado en hacer un blog o usar las TIC le ofrecería todos mis trucos técnicos, pues si ya tiene interés, tiene lo principal, sólo necesita el “know how”. Ahora que he observado nuevos blogs creados recientemente, creo que en el caso concreto de los blogs, sería necesaria una didáctica, para que todo el mundo sepa cómo debe usarse un blog, su diferencia con una web, la extensión recomendada para los artículos y el número de enlaces, etc. Hay muchos tutoriales, wikis y material que el grupo de Ayerbe tiene ya desarrollado, pero es posible que los profesores/as que se sumen a esta iniciativa no conozcan esos recursos.

De todas formas, me imagino que quienes han acudido al encuentro traerán consigo muchas ideas innovadoras que seguro que nos ayudan a todos a mejorar en nuestra labor docente. Cuando alguien se embarca en la aventura de hacer un Edublog, todo es cuestión de echarle ganas…, poquito a poco las cosas van tomando forma.



¿A dónde vamos?

30 06 2007

Alguien me ha sugerido este tema para tratar en el blog. Puede que os parezca un tema feo, pero a muchas personas les inquieta en algún momento, especialmente cuando se avecinan cambios en sus vidas. Es un tema serio, aunque podemos tomárnoslo a broma a veces. Es el tema del no-ser, es decir, la muerte.

No hay lugar a dudas, el tema de la muerte nos preocupa, aunque muchas veces consigamos mirar hacia otro lado. En este asunto tan crucial, hay muchas cuestiones que comentar. Como ejemplo, enumeraré unas cuantas: en primer lugar cuándo somos conscientes de la muerte, en segundo lugar qué es morirse y en tercer lugar qué ocurre cuando nos morimos.

Fijémonos en la primera, la consciencia del fin. Un libro que nunca me canso de recomendar como iniciación a la filosofía es Las preguntas de la vida de Fernando Savater. Su primer capítulo está íntegramente dedicado al problema que nos ocupa. Cito: La evidencia de la muerte no sólo le deja a uno pensativo, sino que le vuelve pensador. Por un lado, la conciencia de la muerte nos hace madurar personalmente: todos los niños se creen inmortales, pero luego crecemos cuando la idea de la muerte crece en nosotros. Por otro lado, la certidumbre personal de la muerte nos humaniza (…) las plantas y los animales no son mortales porque no saben que van a morir. (…) ¡Menuda diferencia hay entre saber que a todos debe pasarles algo terrible y saber que debe pasarme a mí!

¿Qué ocurre cuando alguien siente esa sombra fría acechándole por la espalda? Que empieza a reflexionar sobre la vida. Platón dice en el Fedón que filosofar es prepararse para morir. Los existencialistas del siglo XX nos recordaban el dicho latino Nascentes morimur, pues nacemos para morir. Ante este problema, autores como J. P. Sartre o Simone de Beauvoir proponían la elaboración de proyectos personales que nos hiciesen mejorar como personas. Todos conocemos el dicho sobre las tres cosas que hay que hacer en la vida: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. Sea como fuere, son proyectos relacionados con la creatividad, con construir algo nuevo con nuestro sello, con dejar algo que perdure.

Pasemos al segundo punto. ¿Qué es morir? El paso del ser al no-ser, el momento en el que los órganos vitales dejan de funcionar. Algo que le ocurre a todo el mundo sin distinción. Ya, pero, ¿es eso lo que nos da miedo? No, lo que nos da miedo es en gran parte perder el contacto con las personas queridas, y también que nuestra propia personalidad desaparezca. Por si esto fuera poco, algo que acongoja un poco más es el no saber cuándo se va a producir el hecho definitivo, pues como decía Montaigne no morimos porque estemos enfermos, sino porque estamos vivos.

Esto nos lleva al tercer punto. Aquí se abre el abanico de posibilidades, dependiendo de las creencias de cada cuál. ¿Qué ocurre al morirse? Una posibilidad es la extinción total del yo, “The end”. Otra posibilidad es la que recorren las diferentes religiones. A grandes rasgos podríamos tener dos opciones: si tomamos la vía occidental podemos pensar que iremos a un lugar mejor, y si tomamos la oriental que nos reencarnaremos en otro cuerpo (¡ojo! estas dos formas de pensar en el después son incompatibles, pues en una de ellas la concepción del tiempo es lineal y en la otra es cíclica). Todas estas formas de barruntar lo que ocurrirá son personales, cada cuál debe formarse su propio panorama. Hay mucha bibliografía acerca de todas las opciones, podéis leer para profundizar en las variables y crearos vuestro propio juicio.

Este tema da para mucho, pero esto es un post, que por definición no puede ser muy largo, así que por ahora lo dejaré tal cual. Os dejo con una preciosa canción de The Fray (How to save a life), que pertenece a la banda sonora de la serie Anatomía de Grey.